Cuando vas descendiendo de Chilpancingo rumbo a la Montaña, al llegar a Tixtla, en la última curva aparece súbitamente un paisaje de ensueño: una laguna, huertas de flores, milpas, jitomates y árboles de mangos. Este cuadro deleita la vista y te da un aire esperanzador. Allí está un hermoso valle que siempre está verde y vivo a pesar de la sequía de abril. Al inicio de este paisaje está el casco de la antigua Hacienda de Ayotzinapa. En 1926 los gobiernos revolucionarios edificaron aquí la Normal Rural Raúl Isidro Burgos, más conocida como AYOTZINAPA.

La muestra fotográfica de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa “los encontraremos” reconstruye la cobarde agresión a nuestros jóvenes, pero también nos ilustra el espíritu indómito de los padres de familia, organizaciones sociales y personas que los acompañan. Esa solidaridad espontánea que brota por todos lados como semillas y que con rabia y esperanza nos dicen: tu dolor es mi dolor, pero tu lucha es también mi lucha. Nos muestra también como frente al terror del Estado a través de sus fuerzas represivas los padres salen a las calles a exigir verdad y justicia y a decir ¡Vivos los llevaron! ¡Vivos los queremos!.